Oro a Paladas
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ORO A PALADAS
El heptacampeón del mundo de maratón se entrena en duras sesiones de mañana y tarde con el objetivo de revalidar sus títulos en K-1 y K-2
Fuente: elcomerciodigital.com
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pg060219/prensa/noticias/Deportes/200602/
19/GIJ-DEP-217.html
SERGIO G. MALLADA/EL PUNTAL (VILLAVICIOSA)
Nueve y media de una mañana de febrero en El Puntal. Hace menos frío del esperado en tierra firme, aunque el agua de la ría no supera los once grados. Está fría, congelada para algunos. Invita a comer los mejores oricios de la temporada, no a partirla en dos con la proa de una piragua. Pero así es este negocio. Con treinta años y siete títulos mundiales de maratón a sus poderosas espaldas, Manuel Busto sabe de sobra que las medallas no se ganan el día de la carrera, sino en los meses de esfuerzo anteriores. En los madrugones, en la soledad de la carrera continua, en el aburrimiento del gimnasio y en soportar el frío que atiza las manos al palear miles de veces. Claro que, tras media vida dedicada al piragüismo, el maliayo lo acepta como «una rutina».
Busto puede estar orgulloso de haberse labrado un palmarés como pocos en la historia del deporte español. A sus éxitos se les acaba encontrando cierta lógica atendiendo a tres hechos que parecen imponderables: pertenece a una familia de piragüistas, se entrena en un entorno privilegiado y posee unas condiciones físicas portentosas. La «rutina» de la que él habla está planificada a conciencia por Xavier Torrallardona y el médico Manuel Rodríguez. Ellos diseñan las semanas de entrenamiento y sus diferentes ritmos aeróbicos, que normalmente van del R1 al R5, siendo éste el más duro de la escala. Estos días de febrero, Busto empieza a doblar las sesiones en el agua y alterna diferentes deportes, cosa que le agrada. «El invierno resulta más entretenido porque no tienes la presión de las competiciones y puedes hacer otros deportes como el ciclismo, la natación, la carrera continua e incluso el esquí de fondo».
La mayor parte del esfuerzo anual transcurre entre el agua y el gimnasio. «Al principio no ponemos grandes volúmenes de entrenamiento», comenta Busto antes de afrontar series cortas de velocidad en la ría. Como deportista de élite que es, su preparación se completa con aportaciones tecnológicas y cuidados médicos. En ocasiones lleva incorporado un pulsómetro y adhiere un GPS a la piragua con el que controlar su velocidad. Asimismo, el maliayo pasa un test mensual que marca el ritmo del mes siguiente. Con cierta frecuencia se somete a extracciones de sangre y a diversas analíticas en la Escuela de Medicina Deportiva de Avilés -«Nico Terrados, Javier y Benjamín me conocen desde que tenía ocho años»-, sin olvidar tampoco el trabajo del masajista Toni Mallo.
Las visitas al gimnasio son un complemento indispensable en la preparación de Manuel Busto. En el polideportivo que lleva su nombre moldea el tren superior con ejercicios para los bíceps, pectorales, dorsales y abdominales, entre otros, o repitiendo una y otra vez las dominadas colgado de una barra. Los piragüistas también deben ejercitar las piernas. Son ellas las que impulsan la piragua con movimientos parecidos a los de subir escaleras, como si hiciesen fuerza con los pedales de un coche. Las pesas y, en mayor medida, la bicicleta y la carrera continua son ejercicios frecuentes.
Si la preparación ha sido adecuada, Busto llegará en condiciones óptimas a las grandes citas del calendario. «Conforme avanzan los meses el trabajo es más monótono y estresante. Las competiciones se acercan y estás en la obligación de lograr buenos resultados».
Un cambio providencial
Se dice que todas las vidas interesantes tienen un momento clave. En el caso de Busto es la doble experiencia negativa de los Juegos: fue reserva en Atlanta y no obtuvo plaza en Sydney. Decidió cortar por lo sano y recondujo sus esfuerzos hacia el maratón. Atrás dejaba su primer campeonato de España, concentraciones con el equipo nacional de pista y parte de su adolescencia en la residencia Blume, de la que tiene un grato recuerdo y no sólo por las «timbas de ping-pong» y las novatadas de los veteranos. «Llegaban los Juegos de Barcelona y se notó un impulso importante a los deportistas españoles».
Manuel Busto se ha empapado de piragüismo desde pequeño. Creció en la casa que la familia tiene en El Puntal, al pie del embarcadero y rodeada de eucaliptos. Desde allí vio pasar, de crío, las piraguas por la ría, como ésa de madera que compró su bisabuela en 1968 y que todavía conserva su bisnieto. La galería del piso superior es una colección de cuadros con fotografías en blanco y negro de los años cincuenta, época en la que los italianos revolucionaron el Descenso del Sella al aparecer en Arriondas con las primeras palas invertidas que se habían visto en España. «Viviendo aquí y con la familia que tengo se entiende que haya salido piragüista», resume.
Busto trabaja rodeado de amigos y compañeros del Club Piragüismo Astur, fundado hace unos días. Con él están Joaquín Nachón, Kiko Vega, Lalo Alonso, Roberto Pérez, Pablo Muñiz y Mario Durán. También el júnior Bernardo Rodríguez, el canoísta Rodrigo Naredo, los veteranos José Luis Cueto 'Cuco', Onofre Martínez y Miguel Ángel Valdés, y en ocasiones se incorporan Fernando Franco, desde Unquera, y el vasco Oier Aizpurúa, pareja de Busto en la K-2.
El grupo se junta en un hotel de Villaviciosa a las ocho y media. El día empieza con un café y la lectura de periódicos. Una hora después están en El Puntal. Busto es quien marca el ritmo de los entrenamientos y sus compañeros le preguntan qué van a hacer hoy. El perro Luki, bonachón y asustadizo, pero más listo que el hambre, otea desde la terraza a los que ya se adentran en el pantanal con las piraguas al hombro. «Fíjate, son ocho piraguas y hay cuatro estilos diferentes de paleo», dice Armando, tío de Manuel, que sigue al grupo a bordo de una zodiac. Las lubinas del fondo y los cormoranes les dan paso ajenos a la amenaza de nuevos chalés que se ciernen sobre su hábitat.
El futuro
El Puntal es donde carga las pilas el maliayo, un paraíso que envidiarían muchos de esos rivales a los que aburre con medallas de oro. ¿El secreto? «Tener mucha disciplina, capacidad de sacrificio, unos objetivos claros, ilusión por seguir compitiendo y llevar una vida organizada», precisa. Manuel Busto no tiene en mente el año de su retirada -«no sabemos cuándo se acabará esto»-, incluso destaca lo especial que será el Mundial de 2007 en Hungría, en una tierra con gran tradición en el mundo del piragüismo y un circuito «perronero». Entre tanto, el campeón mantiene vivo su deseo de continuar aupado en la ola buena «disfrutando del deporte, los amigos y el equipo de trabajo que tengo».

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